Querida desconocida,

Esto no es una estafa. No hay nada que comprar, ningún dato que dejar, ningún formulario que rellenar. Solo un hombre que ha decidido presentarse de una manera diferente.

Si has llegado hasta aquí es porque algo en ti tenía curiosidad. Eso ya dice algo de ti.

Estoy bien. Aunque falta algo.

No estoy aquí porque me falte algo esencial. Tengo una vida que me gusta profundamente. Un apartamento frente al mar en un pueblo medieval de la costa mediterránea donde el único ruido de noche es el agua. Una novela que estoy escribiendo. Una Hasselblad con la que intento fotografiar lo que el lenguaje no alcanza. Una Vespa azul. Diez kilómetros de paseo al día. Los cielos más limpios que he visto en mi vida.

Vivo en una isla desierta. Una isla paradisíaca donde tengo todo lo que necesito.

Y aun así, de vez en cuando bajo a la orilla y me siento frente al mar y pienso que hay algo en esta vida que todavía no ha ocurrido. No con urgencia. Sin angustia. Pero con una claridad que no desaparece.

Así que lanzo una botella al mar.

Esta es esa botella.

Por qué esto y no un perfil normal

No porque el sistema sea malo.

Sino porque este formato me representa mejor. Pienso en palabras largas. Me tomo las cosas en serio. Y cuando quiero presentarme, prefiero hacerlo como soy.

Es coherente con cómo abordo prácticamente todo en mi vida. Cuando el camino habitual no es el mío, busco el que sí lo es.

Nada más.

Lo bueno y lo menos bueno

Tengo 44 años. Me llamo Isaac. Escribo ficción y fotografío personas, específicamente el retrato y todo lo que tiene que ver con la intimidad como lenguaje visual.

Lo bueno es que el contacto físico es mi idioma principal. El que uso cuando las palabras no llegan del todo. Tengo una atención real, la clase que recuerda lo que dijiste hace tres semanas sin que tú lo sepas. No huyo cuando las cosas se complican. Cuando estoy contigo, estoy contigo de verdad.

Lo menos bueno, o simplemente lo que no es para todo el mundo, es que tengo ciclos. Hay períodos en que la escritura me absorbe completamente y el mundo exterior queda lejos. Escribo hasta las tres de la madrugada. Necesito mi espacio con la misma intensidad con la que necesito la presencia del otro.

Si eso te parece demasiado complicado, lo entiendo. No hay nada malo en eso.

Si te parece interesante, sigue leyendo.

Cómo es esto por dentro

Hay una vida aquí que tiene una textura muy concreta.

Cenas que no necesitan ser elaboradas para ser perfectas. Rutas sin destino fijo. Noches en lugares donde el cielo se ve entero. Una hora de paseo todos los días que con el tiempo se convierte en el hilo invisible que sostiene todo lo demás.

Momentos largos en silencio que no pesan. La luz de un candil. El mar de noche. Una conversación que empieza sin saber adónde va.

Y afecto abundante. De ese que no hay que racionar.

Hay cosas de esta vida que no voy a contarte aquí. No porque las esconda, sino porque algunas puertas es mejor abrirlas juntos.

Lo único innegociable

Que cuando estés enfadada, o algo te duela, puedas decírmelo con palabras. Por muy furiosa que estés por dentro. Sin desborde. Sin escenas. Solo palabras.

Porque creo que dos personas que saben hablarse pueden resolver cualquier cosa.

El resto se construye.

Una última cosa

Cuando encuentre lo que estoy buscando, esta página desaparecerá.

No estoy construyendo una red. Busco algo concreto, con mucha claridad, y cuando lo encuentre no voy a necesitar seguir buscando.

Si has llegado hasta aquí y algo de lo que has leído te ha movido algo por dentro, escríbeme desde la aplicación. Sin protocolo. Sin guion.

Solo empieza con la palabra botella.

Ya sabré que llegaste hasta el final.

Isaac